Cuidarme según mi tipo de piel:
Con los años, la piel sufre varios cambios, pierde su elasticidad, firmeza y tersura, también es posible que esto le ocurra a una persona joven, si no provee a su piel los cuidados que necesita. Para saber cuáles son sus requerimientos, es importante que acuda a un médico, que le indique el tipo de piel que usted tiene y los productos adecuados para su cuidado.
Piel Seca
Se distingue por su aspecto opaco y rugoso, este tipo de piel suele irritarse con facilidad y tiende a descamarse. Debido a la escasa presencia de grasa y agua, es preciso tratarla con productos hidratantes tanto en el día como en la noche, especialmente las personas mayores de treinta años.
Piel Grasa
Se caracteriza por el exceso de grasa y lo dilatado de los poros, que constituye un ambiente propicio para la aparición de puntos negros, espinillas y posiblemente acné.
Estas pieles requieren un cuidado especial, con un agente de limpieza líquido para eliminar las moléculas grasas, normalizando el pH ácido de la piel y así sustituir los jabones en barra.
Piel Mixta
En este tipo de piel existen diferencias por zonas. Se caracteriza por tener una zona “T” o grasa como mentón, nariz y frente, y una zona seca en el resto de la cara.
Para su cuidado debemos hidratarla y protegerla con productos libres de aceites que equilibren. Debemos tener en cuenta ambos aspectos para hidratar las partes secas y reducir la actividad de las glándulas sebáceas en las partes grasas.
Pieles sensibles
Las pieles sensibles son las que poseen una respuesta excesiva frente a diferentes estímulos externos o internos. Los síntomas más frecuentes son eritema, telangiectasias, prurito, sensación de quemazón, descamación e inflamación.
La piel sensible se manifiesta en todos los biotipos y fototipos de piel. Pero el cuidado no sólo guarda relación con la clase de piel que tengamos y las cremas que utilicemos. A continuación presentamos una lista de recomendaciones que, de seguro contribuirán a mejorar la apariencia de su cutis:
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Beba ocho vasos de agua al día.
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Evite el alcohol y el cigarrillo.
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Aliméntese en forma equilibrada, privilegiando el consumo de frutas y verduras.
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En la medida de lo posible, duerma ocho horas diarias.
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Utilice agentes de limpieza líquidos con un pH ácido, sustituto de los jabones en barra.
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Realice actividad física.
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Exfolie su piel periódicamente con productos sin efectos abrasivos.
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Sí se va a exponer al sol protéjase con un producto avalado clínica y científicamente para garantizar fotoprotección eficaz.