Historia de los implantes mamarios
A finales del siglo XIX, los cirujanos intentaban remediar la falta de volumen mamario mediante la inserción de la más variada gama de sustancias. La primera referencia nos habla de la introducción de un lipoma (tumor del tejido adiposo) retirado de la misma paciente.
El rotundo fracaso de este procedimiento los llevó a pensar en otras desafortunadas alternativas, como la colocación de parafina, cera, bolas de vidrio, marfil, cartílago, entre otros, en el interior o por debajo de la glándula mamaria.
Con el beneplácito de la industria química nuevas sustancias entraron a prueba, como el polietileno, el polivinil, el teflón, entre otras, venían en forma de virutas o esponjas, pero los casos de intolerancia se repitieron y obligaron a los productores a retirar todos los implantes colocados.
El descubrimiento de las siliconas, hizo renacer nuevas esperanzas. Pero el método de relleno con silicona líquida empleado para su colocación también fue errado, debido a que generaba dispersión, movilidad incontrolable y ocasionaba peligrosos efectos secundarios para el organismo. Como es lógico, este resultado contraindicó su aplicación en forma líquida o gelatinosa y determinó la elección de las prótesis sólidas.
Ya para el año 1963, Cronin y Gerow presentaron un nuevo modelo de prótesis que consistía en una bolsa de paredes compuestas por una fina lámina de silicona sólida, rellena con cantidades variables del compuesto en forma gelatinosa. Dicha presentación anulaba los graves problemas generados por la silicona líquida y al tiempo permitía reproducir la forma, volumen y consistencia de un seno normal. Este modelo, aunque con modificaciones, aún se mantiene.
Implantes Mamarios de Silicona
A principios de la década de 1960, los fabricantes y la comunidad médica desarrollaron los implantes de silicona rellenos con gel, como una opción para las mujeres que habían sufrido una mastectomía o presentaban una alteración en el desarrollo de la mama.
Las prótesis originales tenían una cubierta lisa y relleno de gel con silicona. Ésta era proclive a la ruptura y a la difusión del gel a pesar de su integridad.
Los resultados a corto plazo de la cirugía de implante mamario eran tan efectivos que entre 1970 y 1980 aumentó de forma considerable el número de mujeres que se sometían a este tratamiento con fines estéticos. La mayoría de las mujeres se sentían satisfechas con el resultado cosmético y mejoraban su autoestima.
Pese a lo anterior, los conocimientos que se tenían sobre los implantes eran reducidos, y muchas mujeres asumieron que éstos eran de por vida y no requerían ningún tipo de seguimiento.
En los años siguientes, se incrementaron los estudios médicos sobre la relación entre silicona y enfermedades como el cáncer y los trastornos del tejido conectivo (esclerodermia, artritis reumatoidea o lupus eritematoso sistémico), sin encontrar evidencias de relación alguna. Sin embargo, de lo que no hay duda es que los implantes pueden causar complicaciones locales como la contractura capsular, esto es cuando el tejido cicatricial o cápsula que normalmente se forma alrededor del implante puede tensarlo y apretarlo.